SEMBLANZA DE AMYLKAR D. ACOSTA
Por David Sánchez Juliao
Los inicios
Colombia se ha acostumbrado a ver en Amylkar Acosta Medina uno de los más interesantes perfiles de su vida política. Nacido en la nororiental Guajira y educado en Riohacha, Medellín, Bogotá y en universidades del exterior; este caribe integral ha dedicado su vida al estudio, el análisis de la realidad colombiana, al desempeño de importantes cargos, a la actividad política y parlamentaria, y a la férrea disciplina partidaria. A la par con tales lineamentos generales en su proyecto de vida, se ha desempeñado con asiento en la idoneidad como docente universitario, brillante conferencista, escritor incansable y consultor en materias que tocan el amplio espectro de sus especialidades.
Las especialidades de Acosta Medina parten de la disciplina académica a la que dedicó en la Universidad de Antioquia los años de sus primeros estudios: las ciencias económicas. Y ello toca los terrenos de la primera paradoja en la vida de este personaje, puesto que, habiendo empezado por aquella experiencia de fríos cálculos y severas precisiones, devendría con el tiempo en el humanista integral que es, pero sin jamás descuidar las disciplinas de sus inicios.
El trasiego de Amylkar Acosta Medina desde sus primeras luces en las ciencias económicas hasta los reconfortantes territorios del humanista (humanismo económico, habría que decir), toca su punto neurálgico en el Instituto Ortega y Gasset de Madrid, España, en el doctorado que sigue sobre América Latina --experiencia que culmina en 1999. Entre uno y otro hito de su fértil actividad académica, se enmarca una de las más fructíferas etapas de su vida al servicio de causas generosas. Entre ellas, al inicio, como profesor en la Universidad de Antioquia, en donde había hecho sus primeros estudios universitarios; y enseguida --primer peldaño de su vertiginosa carrera política-- como concejal, de 1974 a 1976, de la ciudad que lo había acogido: Medellín.
Dimensión regional
A partir de allí, su departamento y la región Caribe lo ven regresar a la verdadera heredad, La guajira. Acosta Medina empieza a destacarse en su tierra de origen como dirigente cívico, al amparo de una actividad de entrega a la solución de los innumerables problemas que aquejan a su región. Sus desempeños en la dirección ejecutiva de la Cámara de Comercio local, en el Departamento de Planeación de su departamento, la decanatura de la Facultad de Administración de la Universidad de la Guajira y su ejercicio como edil del Concejo Municipal de Riohacha, dan a su estatura la imagen de alguien que bien podría liderar los procesos regionales hacia felices culminaciones. Máxime, cuando --estudioso incansable, agudo observador de realidades y prolífica pluma--, se había dedicado por años al estudio de los hidrocarburos en la Costa Caribe y en el país, sector de la economía que en pocos años pasaría a ocupar sitio de privilegio en los intereses nacionales. A la sazón, esa prolífica y aguda pluma de Acosta Medina había producido, sobre el tema de los carburantes, una serie de obras que, a la par que hacían claridad al país sobre los problemas relacionados con el sector, generaron las primeras acaloradas polémicas en torno a la materia. Aquellas obras no sólo ilustraban sobre lo tocante al sector, sino que representaban una valiente defensa de los intereses nacionales. En la actualidad, tantos años después, dichas obras continúan generando controversia, agitando conciencias y siendo textos de estudios en muchos centros universitarios y de análisis. Vivas siguen El petróleo y la crisis energética (1979), La Crisis Energética y el Carbón en Colombia: Esperanza y Frustración (1980), Glosas al Contrato de El Cerrejón (1981), Escritos ( 1986), y Cerromatoso S.A: Itinerario de un zarpazo (1987).
Alguien así, poseedor de tales cualidades, usuario de tal grado de inteligencia y portador de ese valor, mereció, por tanto, ser llamado a ejercer el cargo de Coordinador de la Región de Planificación de la Costa Atlántica, entre agosto de 1987 y junio de 1988. La dimensión de Amylkar Acosta Medina adquiría proporciones regionales. El Caribe lo había expropiado a La Guajira.
Calibre nacional
No obstante haberse desempeñado con lujo de competencia como diputado a la Asamblea Departamental de la Guajira entre 1986 y 1988, la suerte de Amylkar Acosta --ya no sólo como personalidad de alcance y relevancia regional sino nacional--, estaba echada. Una vez finalizó su desempeño como diputado en la natal Guajira, y luego de ocupar la Coordinación de la Región de Planificación del Caribe colombiano (Corpes) pasó, en julio de 1988, llamado por el Ministro de Minas y Energía Guillermo Perry Rubio, a un cargo de amplia dimensión nacional: Presidente de la Compañía Colombiana de Gas, COLGAS; responsabilidad que asumió hasta agosto de 1990, cuando fue designado por el presidente César Gaviria Trujillo como Viceministro de Minas y Energía. Nadie mejor preparado para tal ejercicio que una persona que había dedicado tanto tiempo y tanta energía al estudio a fondo de los hidrocarburos en Colombia y a los problemas de orden energético y minero. Durante el ejercicio de esta función le dio un gran impulso a la masificación del gas en Colombia y sentó las bases del Grupo de los Tres (Colombia, Venezuela y México) en procura de impulsar proyectos de integración en el sector minero-energético. A propósito, el gasoducto Transcaribe que unirá a partir del 12 de octubre de 2007 los campos de gas de Chuchupa en La guajira con el Lago de Maracaibo en el Estado Zulia, se gestó desde entonces, lo cual habla bien del espíritu visionario de Acosta Medina.
En octubre de 1991, las circunstancias políticas llevaron al Gobierno a convocar a unas elecciones atípicas, como consecuencia de la revocatoria del mandato de quienes habían sido elegidos para el período 1990–1994, luego de haberse elegido la Asamblea Nacional Constituyente a principios de aquel año y de haberse dado a la luz la nueva Carta Magna. Ante el llamado de su región, de sus amigos, de sus simpatizantes y admiradores, ahora en todo el país, Amylkar Acosta renunció en junio de 1991 al desempeño como Viceministro de Minas y Energía y presentó su nombre a consideración de los colombianos –mediante la figura de la circunscripción electoral nacional— para el Senado de la República. Como era de esperar, en el octubre siguiente fue elegido senador; dignidad que lo acompañaría durante tres períodos consecutivos: 1991-94, 1994–98 y 1998–2002. En el segundo de esos períodos, y durante un año –de julio del 97 a julio del 98-- el Congreso de la República lo eligió por aclamación como Presidente de la alta corporación.
Como Senador y como Presidente del Senado de la República, Amylkar Acosta Medina impulsó proyectos tan importantes como la Ley que reglamenta las veedurías ciudadanas en Colombia, la Ley de honores al Negro Robles, La Ley de Responsabilidad Fiscal, la Ley Eléctrica y la Ley de Regalías, la Ley que rescató para los colombianos la titularidad del subsuelo de Cusiana que pretendía la Comunidad Santiago de las Atalayas y la Ley que reglamenta el voto programático. Así mismo, sacó avante una de las leyes de mayor importancia y trascendencia en los últimos años, la que desbrozó el camino en Colombia a la revolución de los alcoholes carburantes. Se destacó, además, por sus sesudos y valerosos debates en el Congreso de la República en ejercicio del control político, tan venido a menos por estos tiempos. El país recuerda sus debates en torno al apagón de 1992–1993, en el transcurso de los cuales denunció a los responsables de semejante descalabro cuando se opuso, cifra en mano, a la privatización de Carbocol, por considerarla inconveniente e inoportuna; como también recuerda aquellos debates en torno a la privatización de Corelca, el Plan Colombia y tantos otros que dejaron una huella perdurable de su paso por el Congreso.
A la par, sin embargo, de su fructífera actividad parlamentaria, Amylkar Acosta logró sacar tiempo para continuar con su labor de prolífico escritor y agudo analista de la realidad nacional. Entre 1991 y 2002 publicó, de su conocida colección Escritos, los volúmenes 3 al 9, lo mismo que otras obras –muchas de ellas, de consulta en universidades y centros para el estudio del desarrollo. Entre ellas, vale la pena destacar: Autonomía Regional: Alternativa de Desarrollo, (1993); Del Racionamiento Eléctrico al Racionamiento Moral (1993); ¿Hacia un racionamiento Inminente?, y El Carbón y su segunda juventud (1995); Hacia un planeamiento energético integral (1996); ¿Cómo apagar el apagón? (1996); Ajuste Fiscal, o desajuste estructural, de la luna de miel a la luna de hiel (1999); El Viacrucis del Upac -los inquilinos de la ira- (2000); y El desempleo & la pobreza ( 2001).
Honores, distinciones y docencia
En la vida de Amylkar Acosta, los tres períodos como parlamentario fueron pródigos también en distinciones y honores recibidos. Era apenas lo lógico. En 1998 entró a ser miembro de la junta directiva de la Sociedad Colombiana de Economistas, SCE, de la cual sería más tarde presidente durante un largo período. En 1997 fue escogido como uno de "los cien personajes más influyentes en Colombia", por la prestigiosa revista Dinero. Entre 1997 y 1998 recibió la máxima condecoración de todos los departamentos del Caribe Colombiano y sus capitales. En 1998 recibió la Máxima Distinción de la Universidad San Martín y en 1990 la Orden de la Democracia, en el grado de Gran Cruz, otorgada por el Congreso de la República. También en 2000, fue recibido como miembro de número de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas, de la cual era miembro correspondiente desde 1996. En el año 2000 fue acogido también como socio de la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP), de cuya junta directiva pasaría a ser parte desde el 2002 hasta hoy.
A su actividad parlamentaria, a su fértil pluma y a las distinciones y honores recibidos, acompañaron durante esos años a Amylkar Acosta su nunca interrumpida labor de docente universitario. Desde el año de 1988 había venido desempeñándose como profesor de cátedra en la Universidades Externado de Colombia y la Universidad Javeriana de Bogotá. Labor que jamás suspendió y a la que continúa dedicando parte de su tiempo. Otras actividades de este orden desarrolló durante esos años, como aquella de profesor invitado de la Universidad de Calgary del Canadá, en Quito (Ecuador), en 1997, para participar en la cátedra que tocaba una de sus especialidades, la de Energía y Medio Ambiente. Ha recorrido y sigue recorriéndo los distintos centros académicos del país y del exterior, dictando conferencias, participando como ponente en foros, simposios y congresos, y disertando sobre los más disímiles temas. Aquello es lo que Amylkar Acosta resulta ser por encima de todo: un estudioso y un investigador consagrado.
La nueva era
Luego de su largo período como parlamentario, Amylkar Acosta continuó insistiendo en sus temas de escritura y en el interés por la política –con acento marcadamente regional, pese a sus dimensiones nacionales. Mientras se desempeñaba como asesor del Despacho del Contralor General de la República –entre 2003 y 2004--, escribió y publicó dos nuevas obras, Escritos 10 (2004) y El gran desafío: a propósito de los alcoholes carburantes (2003/2004), en dos impresiones consecutivas. En ese 2004 tuvo comienzo, con él como fundador, la Federación Nacional de Biocombustibles, de cuya junta directiva entró a ser miembro hasta el dia de hoy. De igual forma, lo asistió la dignidad de ser miembro de la Junta directiva (fundador al tiempo en 2004) de la Promotora de la Licuefacción del Carbón en Colombia (Likuen).
Las distinciones continuaron, pues en 2006, fue nominado al Premio Portafolio en la categoría de Mejor Docente Universitario del país. De igual manera, continuaron las publicaciones. En ese mismo año, 2006, lanzó El TLC en blanco y negro, y al año siguiente, 2007, dos nuevas obras: Economía y Sociedad, con el auspicio de la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla; y Escritos 11.
Destellos de disciplina integral
Dos sobresalientes eventos se han conocido en los últimos tiempos relacionados con Amylkar Acosta. Ambos acontecimientos, han impresionado gratamente al pais; y, a todas luces, constituyen la otra gran paradoja en torno a la vida de este personaje singular. El primero tiene que ver con el ofrecimiento que un presidente de la República le hiciera para ocupar el Ministerio de Minas y Energía; y he aquí que Amylkar Acosta declinó el honor –a sabiendas de cuanto tal dignidad y tal desempeño significaban. Todo, en aras de la disciplina partidaria. El partido al cual Amylkar Acosta pertenece y ha representado, había decidido mudarse a la oposición en el juego político de ese momento histórico. Asombro causó la decisión de este hombre público, puesto que Colombia está más que acostumbrada a las piruetas de sus políticos en circunstancias similares; como acostumbrada está también al discurso acomodaticio y justificante que tales circunstancias parecieran demandar. Tanto, que desde ministerios y embajadas –y otras altas distinciones— ese discurso justificatorio no solo ha devenido en clisé sino que es motivo de constante caricatura.
El segundo de aquellos eventos –el más reciente— tiene que ver con el lanzamiento que hiciera Amylkar Acosta a principios del 2007, en multitudinaria reunión en Riohacha, de su candidatura a la Gobernación de la Guajira. Pocos meses antes de las elecciones, las directivas de su partido terminaron expidiéndole el aval a otro de los candidatos en contienda. La campaña de Amylkar Acosta iba adelantada y cobraba una fuerza inusitada. Como candidato, ya había recorrido el Departamento y obtenido significativos apoyos de comunidades, organizaciones, buenos amigos, simpatizantes y diversos grupos y líderes políticos. La candidatura era del mejor augurio. Al conocerse la decisión de las directivas del liberalismo, a Acosta Medina le llovieron ofrecimientos de aval. Pero, ¡vaya paradoja, de nuevo!, decidió declinar dicha aspiración, y aún en desacuerdo con la decisión de sus superiores del partido, retornó a sus quehaceres de analista, escritor, catedrático, consejero y buen amigo; lo que siempre ha sido... por encima de todo lo ampliamente narrado en esta semblanza de su vida.
El futuro, sin embargo –todos lo sabemos-- premiará con creces tanto sacrificio, tanta entereza de carácter y tan férrea disciplina partidaria. Como él suele decirlo, citando a Eugenio Montejo, ha aprendido por los caminos de la vida que el paso decisivo siempre le queda adelante.
Bogotá, septiembre 2007




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