El presidente Uribe cayó en la cuenta de que el ajuste fiscal tiene sus límites y afirmó que “Los miembros de la Junta del Banco han entendido que la situación actual requiere una solución integral, incluyendo al banco central y a los mercados la situación actual requiere una solución integral”; por lo que, para salir del atolladero, hay que atacar los otros flancos del desbarajuste fiscal. La deuda se ha constituido en el nudo gordiano de este, ya que junto con el pago de pensiones y las transferencias, constituye el primer rubro en importancia en el presupuesto general de la Nación, convirtiéndose en un pesado fardo para las finanzas públicas. El total del servicio de la deuda para el año 2004 asciende a $27.8 billones, de los cuales el 46% corresponde a intereses, que ya absorben el 33.2% de los ingresos tributarios. El promedio de la deuda del gobierno central entre 1923 y 1998 fue de 11.7% del PIB y en los periodos de mayor endeudamiento se mantuvo por debajo del 17% del PIB. En sólo 5 años, entre 1998 y 2002, este promedio se disparó al 37,8% del PIB. Cuando la deuda pública de un país supera el 40% del PIB se encienden las alarmas y Colombia hace rato pasó por ahí; con el 52.8%, sólo superado por Brasil en Latinoamérica, está bordeando los límites de su insostenibilidad. Ello hace imperativo reducir el peso de la deuda en el gasto público y de paso enjugar el déficit primario que acusan las finanzas del gobierno central.


