Una vez se corrió la voz de mi posible aspiración, nuevamente, de llegar al Senado de la República, no faltó quién se preguntara qué ha hecho Amylkar Acosta por La guajira y no les falta razón para hacerse tal interrogante; aunque algunos, los menos, lo hacen con su carga de capciosidad y segunda intención. Si se tratara de la primera vez que yo fuera a aspirar a ser elegido al Congreso, esa pregunta estaría fuera de lugar y yo, por mi parte, me hubiera limitado a pedir que se me diera un voto de confianza, a manera de cheque en blanco, como el que efectivamente se me extendió cuando aspiré en 1991. Pero, dada la circunstancia de que fui elegido tres veces consecutivas y permanecí en el Parlamento colombiano, con algunas interrupciones, por espacio de diez años, yo sí le debo una explicación a mis compatriotas sobre lo que fue mi desempeño como Senador en el intervalo comprendido entre noviembre de 1991 y julio de 2002, independientemente de que finalmente aspire o no. Por lo demás, yo soy un convencido de la perentoria obligación del elegido de rendir cuentas a sus electores; por ello, a lo largo de los tres períodos durante los cuales actué en el Congreso, informé periódicamente de mis actividades, a través de reuniones abiertas o mediante boletines, los cuales fueron compendiados, con gran acierto, por el periodista Pepe Palacio, en su libro Itinerario de un Senador, el cual puede ser consultado en las bibliotecas o en mi página web (www.amylkaracosta.net).